12 oct. 2017

Venden gato por liebre a los consumidores


El engaño al consumidor de parte de los grandes  proveedores,  a través de la millonaria publicidad que contratan por los medios de comunicación, se ha convertido en una práctica común  y tolerada.  Legalmente, la publicidad engañosa está prohibida y sancionada; sin embargo, suele ser letra muerta en nuestro país, a menos que suceda un escándalo de proporciones. Ahí tenemos, el caso de los jabones antibacteriales, que se venden en todos los supermercados, farmacias y otros  establecimientos, cuyos proveedores pregonaban que eran productos que mataban las bacterias malignas; sin embargo la FDA  de los Estados Unidos –hace un año atrás-  los ha prohibido, porque contienen insumos altamente dañinos para la salud como  el triclosán  y el triclocarbán, que debilitan más bien el sistema inmunológico. Recién, a partir de esto, DIGEMID y el INDECOPI, despertaron de su habitual letargo, y han dado el plazo de un año, para que estos productos sean retirados del mercado. ¿Por qué esperar un año y no hacerlo de inmediato?

También está el caso de las leches para bebés, que se publicitan desvergonzadamente, como productos de iguales bondades nutritivas que la leche materna, o como sucedáneos de la misma. Sin embargo, esto no es así, ya que la leche materna es única e insustituible en la alimentación de los infantes. Abundan las marcas tales como Similac, Enfamil, Nan, Enfagrow, etc que engañan al público, dando gato por liebre.  Inclusive el Reglamento de  Alimentación Infantil, aprobado por el Decreto Supremo 009-2006-SA) prohíbe expresamente que se haga publicidad comercial de los mal llamados “sucedáneos” de la leche materna; pero esta publicidad se hace, masivamente, a vista y  paciencia del Ministerio de Salud e INDECOPI.

Asimismo, recordemos el todavía reciente escándalo, de la venta del producto Pura Vida del Grupo Gloria, que se vendía hace más de 10 años como leche 100% pura de vaca, y resulta que no era leche, sino una mezcla láctea de “leche de soya”, leche en polvo importada, y preservantes. Tampoco se salvó  la popular y clásica golosina Sublime, de la transnacional Nestlé, que resulta que no sería chocolate, de acuerdo al Ministerio de Agricultura, porque no tendría 35% de cacao; pero se vende hace décadas como chocolate puro de cacao. No olvidemos, tampoco, a la lucrativa industria de los jugos envasados de fruta, que en realidad tienen menos del 10% de fruta natural, y más bien muchos ingredientes químicos que imitan el sabor de las frutas, y abundantes azúcares que contribuyen al sobrepreso y la obesidad.


Estos cinco ejemplos, ilustran miles de casos, donde al consumidor se le da gato por liebre,  a través de la publicidad y no se sanciona esta mala fe comercial.